jueves, 9 de junio de 2011

El aprendizaje significativo en la enseñanza de adultos en contextos académicos y organizacionales


En general las teorías constructivistas enfatizan la idea que aprender no es una tarea pasiva, sino eminentemente activa. Aprendemos haciendo e incorporando lo nuevo que vamos conociendo, a los esquemas que ya poseemos. Aquí vemos cuatro premisas básicas de este enfoque teórico:

1. El conocimiento no se transmite, sino que se construye.
2. El aprendizaje es significativo (tiene significado para un individuo) cuando consigue conectar las ideas y esquemas de conocimiento que ya posee, con los nuevos contenidos que se presentan.
3. La información no es lo mismo que conocimiento, ya que conocer significa utilizar de una manera operativa y funcional los datos conseguidos.
4. El formador tiene un papel fundamental y crítico en modelar (“andamiar”, diría Bruner) la comprensión de los nuevos contenidos que se presentan, detectando a través del diálogo sus lagunas y presentándole la información a los alumnos, en un formato adecuado a su actual nivel de conocimientos.

Este enfoque teórico sustenta una didáctica que ese orienta entonces a:

• Presentar y organizar los contenidos del aprendizaje en un modelo de instrucción problematizadora.
• Promover las instancias pedagógico-didácticas, de tal manera que los datos e informaciones les lleguen siempre a los alumnos después de una problematización.
• Enfatizar la necesidad de proporcionar un marco contextual de ideas en el que se pueda incorporar el nuevo conocimiento.
• Promover el espíritu de búsqueda e investigación de los adultos.

También, la estructuración de los contenidos de forma relacionadas y con una complejidad creciente puede facilitar un aprendizaje significativo.
Otra estrategia consiste en acompaña con ayudas visuales a los contenidos, tales como mapas conceptuales, mapas de competencias, diagramas, gráficos, imágenes, animaciones, etc.

¿Qué formas de enseñanza ayudan mejor al aprendizaje significativo?

Educadores como Rousseau, Pestalozzi, Froebel, Dewey y Freire, hace tiempo señalaron que la enseñanza más eficiente es aquella que involucra activamente a los estudiantes en forma individual o en grupo, la que trata de mostrar más las interconexiones entre las áreas de conocimiento que sus límites demarcatorios y al mismo tiempo la que trata de establecer conexiones entre lo que se aprende, lo que ya se sabe y el mundo real.

Desde esta perspectiva podríamos señalar una serie de principios que manejados prudentemente, facilitarían formas de enseñanza orientados a aprendizajes significativos y a una evaluación al servicio de esos aprendizajes. Veámoslo en forma gráfica:


Según la figura anterior, el aprendizaje significativo de los adultos dependerá de que:

Nuestra enseñanza sea coherente: Paulo Freire sostenía que la búsqueda de la coherencia entre lo que se declama y lo que concretamente se realiza es una de las principales virtudes del educador y la educadora.
Si asumimos un enfoque formativo constructivista, luego no podemos impedir, con nuestros actos, que los adultos se movilicen en forma autónoma en la búsqueda del saber y los conocimientos. Por el contrario, debemos mantener la coherencia, promoviendo, en todo momento, a partir de nuestras estrategias y métodos de enseñanza aprendizaje, su autonomía.

Conectemos el conocimiento a lo que los alumnos ya saben: Los formadores y formadoras experimentados saben que la mejor forma de motivar a sus alumnos, y sobre todo si son adultos, es vincular los temas que desarrollan en sus clases con las cuestiones que les interesan.
Por supuesto que esto no quiere decir que debamos “reducir” nuestras enseñanzas sólo a lo que les interesa a los adultos, sino “vincular didácticamente” los temas con sus intereses. Paulo Freire hablaba de la importancia de “partir desde” los conocimientos y saberes de los educandos, pero no para quedarse en ellos revoloteando como las mariposas en torno de la luz, sino para superarlos. Esta estrategia cumple con tres premisas fundamentales de una enseñanza realmente motivadora y crítica:

1. Respetar la cultura propia de los educandos, permitiéndoles así afirmar su sentido de la identidad, elemento este último fundamental en los procesos educativos realmente críticos
2. Lograr un punto metodológico y motivacional de arranque, evitando “extrañar” a nuestros estudiantes con temas y contenidos desconocidos para ellos y, por lo tanto, desvinculados de sus intereses concretos.
3. Conseguir que los estudiantes alcancen conocimientos elaborados, referidos a la cultura organizacional y a su sociedad, para promover en ellos actitudes críticas y autonomía de pensamiento
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